íSí a la adopción homoparental!

Ernesto Reséndiz Oikión
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El pasado lunes 23 de enero la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) desechó las controversias constitucionales promovidas por los estados de Jalisco y Baja California para invalidar la reforma del artículo 146 del Código Civil del Distrito Federal que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo y la del 391 que avala la adopción de menores de edad por parte de estas parejas, que fueron aprobadas en diciembre de 2009 en la capital.

    La votación de los ministros de la SCJN, según informó la agencia Notiese (especializada en noticias de salud, sexualidad y sida), se configuró así: votaron a favor de desechar las controversias constitucionales los ministros Sergio Valls Hernández, Guillermo Ortíz Mayagoitia, Olga Sánchez Cordero, Juan Silva Meza, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, Jorge Pardo Rebolledo y Luis María Aguilar Morales; votaron en contra: Sergio Aguirre, Margarita Luna Ramos, José Ramón Cossío Díaz y Fernando Franco González Salas.
    De esta manera, el máximo tribunal del país confirmó que son válidos los matrimonios de gay y lesbianas y las adopciones de niños por parte de estas parejas en la ciudad de México. Se trata de una noticia importante que marca un hito en la historia contemporánea de nuestro país, aunque los gobiernos del Partido Acción Nacional (PAN) estén en total desacuerdo con esta realidad -y están en todo su derecho de hacerlo- ya no podrán hacer nada en contra del reconocimiento de los derechos de hombres y mujeres que pagan sus impuestos y son una fuerza creativa de nuestra sociedad.
    Las personas que por sus convicciones particulares y credos religiosos no están a favor de las legislaciones que reconocen los derechos de las personas no heterosexuales pueden manifestar su opinión, pero de ninguna manera pueden discriminar a miembros del colectivo LGBTTTI (lésbico, gay, bisexual, transgénero, transexual y travesti). Todo ser humano merece nuestro respeto y en el amor al prójimo está la razón de nuestra propia dignidad.
    Existen falsos argumentos con los que se pretende prohibir la adopción homoparental. Por ejemplo, 1) “los homosexuales violarán a los niños”; esta mentira es una infamia que no se sostiene, ya que los hombres gay han demostrado en innumerables ocasiones ser padres amorosos y criar a los infantes en un entorno de cariño y respeto, como cualquier pareja heterosexual.  
    Otra afirmación que se esgrime es 2) “los gay y las lesbianas ‘harán’ homosexuales a los niños”; esta es una tontería que tampoco se sostiene ya que la homosexualidad es una preferencia sexual que forma parte de la condición humana y nadie se “hace homosexual” por la educación que reciba en su hogar.

    Es un hecho que hombres y mujeres homosexuales fueron educados en familias heterosexuales, conformadas por una diversidad de figuras tutoras, ya sea por papá y mamá, papás divorciados, madre soltera, papá soltero, abuelos o tíos, y aunque ellos los criaron bajo una lógica heteronormativa los hijos gay y las hijas lesbianas sabían de su propia preferencia sexual.
    Asimismo los papás gay y las mamás lesbianas educarán a sus hijos, muchos de ellos serán guapos chavos heterosexuales y hermosas chicas heterosexuales, y quizá sólo unos pocos serán apuestos jóvenes gay y bellas chavas lesbianas. Esos hijos serán hombres y mujeres que aportarán su trabajo e inteligencia para construir un país más justo y generoso para todos.
    Una aseveración más es 3) “los hijos de parejas homosexuales serán discriminados por otras personas y sufrirán traumas”; a lo largo de nuestra vida somos discriminados por distintas condiciones: ser hombres, mujeres, chaparros, altos, gordos, flacos, feos, inteligentes, torpes, jóvenes, viejos, ricos, pobres, indígenas, negros, morenos, blancos, judíos, usar lentes y un sinfín de rasgos más; se trata de una realidad triste y terrible que refleja que nuestra sociedad sigue siendo profundamente machista, racista y clasista, pero la solución está en un cambio cultural paulatino apoyado en políticas educativas que rechacen cualquier tipo de discriminación, incluyendo la de preferencia sexual.
    Esos niños y niñas quizá reciban bromas crueles de sus compañeros, pero a su lado siempre contarán con dos papás y dos mamás que les entregarán su amor, confianza y respeto incondicionales. Y el amor siempre será la mejor defensa contra cualquier adversidad. Los padres de familia, los maestros, los medios de comunicación y las distintas instituciones sociales tienen que trabajar intensamente en educar y promover los valores del respeto irrestricto a la dignidad humana, se tiene que impulsar decididamente la construcción de ciudadanía. Ya lo dije arriba y lo repito: en el respeto al prójimo radica nuestra propia dignidad.
    En nuestro país en 2009 había 1.6 millones de niños huérfanos recién nacidos y hasta los 17 años, según informó la diputada Gabriela Molina Aguilar, presidenta de la Comisión de Grupos Vulnerables, Equidad y Género. México ocupa el segundo lugar con más huérfanos en América Latina. En la declaración de los derechos humanos de los niños y las niñas se especifica que tienen derecho a tener una familia. Los infantes huérfanos merecen tener una familia que los adopte, arrope y eduque, siempre será mejor para la sociedad tener a sus niños protegidos por parejas homosexuales que los alimenten, proporcionen calzado y vestido, educación, y sobre todo brinden amor; que tener niños sobreviviendo en la calle y sufriendo toda clase de males.
    En la década de los setenta el movimiento político lésbico gay emprendió una de las luchas más consistentes de la historia contemporánea, heredero del movimiento feminista, el activismo de gay y lesbianas transformó la realidad social para siempre. Al nombrar y reivindicar el amor que no se atrevía a decir su nombre, los gay y las lesbianas consiguieron en un lapso de 50 años hacer valer sus derechos. ésta es una fuerza política y social exitosa, solidaria, emprendedora y alegre que quizá tenga una tarea mayor por completar: educar a la sociedad en el respeto a la diversidad y a la diferencia.
    Ya hay papás gay y mamás lesbianas que criaron a sus hijos como personas de bien y hoy existen jóvenes parejas homosexuales que están educando a sus hijos amados, felices, sanos, libres y plenos, como lo haría cualquier pareja heterosexual. La decisión de la Suprema Corte, como uno de los tres poderes de la Unión, da sustento legal a las familias homoparentales que ya existían. Al paso de una generación, dichos hijos habrán convivido con un sinfín de individuos y mostrarán que gay y lesbianas son como cualquier persona.
    El gran cambio sociocultural ya ha sido ganado en la sociedad mexicana, gracias a las luchas silenciosas de miles de ciudadanos. Hay que felicitarnos porque en medio de dolorosas tragedias sociales la nación mexicana todavía tiene la energía y apertura de reinventarse para bien. Una sociedad que reconoce y respeta la diversidad sexual es una sociedad más humana.       
             
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