Cuando tu niña se siente niño. El drama de los adolecentes transexuales

San Sebastián, 20 feb (EFE).- En casa le llaman Jorge pero en el colegio volverá a ser Marta porque el temor al rechazo le impide hablar abiertamente de su verdadera identidad sexual. Es un drama contra el que lucha Ampgyl, la asociación de madres y padres con hijos adolescentes gays, lesbianas y transexuales.

Ampgyl ha celebrado este fin de semana en San Sebastián sus décimas jornadas anuales, donde padres de toda España ponen en común sus experiencias, conscientes de que queda mucho por hacer y dispuestos a respaldar a quienes acudan a ellos en busca de ayuda.

Son personas que han sufrido con sus hijos una situación que las convecciones sociales convierten en problema y que, en el caso de los transexuales, produce un dolor aún mayor.

Los asturianos Maite de Blas y Xulio Suárez son los padres de Jony, un chico de 21 años que nació niña, y que vivieron en soledad el tránsito de su hijo a lo que es su condición natural.

Fueron los fundadores de la delegación de Ampgyl en Asturias hace seis años y ésta es la primera que encuentran en el congreso a otros padres de transexuales, mujeres como Adela que están al comienzo de la batalla.

Maite corroboró que su hijo era transexual masculino porque se lo preguntó, aunque ya lo sabía. Fue tal el choque que Xulio quiso creer que era lesbiana porque lo veía como "un mal menor", según ha explicado hoy a Efe.

"Pero no son lesbianas, son hombres y lo saben. Y dan señales constantemente, lo ves enseguida. Si quieres cerrar los ojos es otra cosa, pero está ahí y saldrá mañana o pasado", afirma Maite.

Asegura que los chicos sufren porque intentan ser "como la sociedad exige", pero también porque sienten que van a defraudar las expectativas que los padres han puesto en ellos.

Le ocurrió a Jony, preocupado porque iba a dejar de ser "la princesita" de su padre.

Es un duro proceso al que se suma también el temor de los progenitores a la operación de cambio de sexo y a la medicación a la que deben someterse de por vida. "Pero ahora ves a Jony y te das cuenta de lo feliz que es", subraya Xulio.

Por los pasillos de la Facultad de Psicología de la Universidad del País Vasco Jony juega con dos chavales de 8 años, una niña de melena rizada que el lunes en la escuela adoptará otra vez su apariencia masculina y un niño espigado que será niña cuando regrese a su ciudad.

La hija de Adela es también un chico en San Sebastián, pero dejará de serlo igualmente en su día a día.

"Ya le he dicho que cuando esté preparada se muestre como es, pero su hermana se lo desaconseja porque dice que lo va a pasar muy mal en el colegio. Vivimos en una sociedad que hay que dar explicaciones y ellos tiene que explicar por qué su cabeza y sus genitales no están de acuerdo", señala Adela.

Maite insiste en la importancia de la tarea educativa desde la infancia. "Los niños lo comprenden y aceptan más fácilmente que los mayores. Encasillar es lo que causa el sufrimiento", asegura esta mujer, que continua activa para hacer posible que algún día esa Marta de nombre supuesto pueda decir abiertamente que se llama Jorge.

Adela está agradecidísima de la ayuda que le prestaron en Ampgyl, a la que también pertenecen los catalanes Carlos y Josefina, padres de un chico que a los 19 años les dijo que era gay.

Carlos lo intuía y Josefina no sospechaba nada. Habían visto cómo su hijo había cambiado en los últimos cuatro años, cómo había empezado a suspender asignaturas e incluso a descuidar su higiene personal.

Tardaron dos años en lograr que las cosas volvieran a su cauce, pero no a base de comprensión -Carlos dice que no es la palabra adecuada-, sino de compartir son su hijo "sus sentimientos, sus cosas".

En Ampgyl encontraron el "acogimiento" que necesitaban, que la asociación espera seguir dando a quienes lo pidan. EFE

EFE

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